¿té o café?
a veces sólo una constante necesidad de que me elijan
viernes 18 de julio del 2025 a las 18:29
Hoy me desperté pensando en que nunca me siento suficiente…
(papás, si me están leyendo, estoy bien, se los prometo)
Hay días donde nada me parece suficiente, entro a la oficina y no siento que esté vestida lo suficientemente bien. Cuando estoy con un grupo de personas no me siento lo suficientemente chistosa. Si me parece atractivo alguien, automáticamente me siento menos bonita, menos risueña, menos interesante. Siento que pude haber hecho mi trabajo mejor, o pude tomar una mejor foto, escribir algo diferente, gustarle a alguien un poquito más. Como si, por más que me esfuerce, siempre pudiera haber dado o hecho más.
Y cuando alguien no me elige, la herida se vuelve a abrir otra vez. Porque en mi cabeza, si no me eligen, entonces hay algo que hice mal. Que tengo algo mal. Si eligieron a alguien más, entonces yo no fui suficiente y la otra persona sí.
Pero entonces llegó a mi rescate alguien preguntándome “¿prefieres el té o el café?”
La verdad es que yo prefiero el café, pero hay otras personas que prefieren té. No es que uno sea mejor que el otro, ni tampoco es que uno tenga algo malo. A veces sólo se me antoja uno más que el otro. Hoy, por ejemplo, prefiero café y eso no convierte al té en menos. Ni convierte al café en algo más especial. No significa que el té sepa mal, solamente quiero café.
Y entonces, gracias a esa simple pregunta, entendí: no ser la opción que eligen no me vuelve alguien defectuosa. Pero, aunque sé que el té no tiene nada malo, no puedo evitar sentir que tal vez si cambiara mi sabor, si fuera un poco más dulce o intenso, alguien me elegiría sobre el café.
Me he cachado tantas veces queriendo convertirme en lo que creo que los demás necesitan. Si alguien busca intensidad, intento ser un café cargado. Si alguien quiere paz, me vuelvo té de lavanda con un poquitito de miel. Y al final no sé quién soy, sólo sé que voy por la vida buscando cambiar y sintiendo que al final no termino de ser ni té ni café.
Y qué cansado es esto de vivir intentando adivinar lo que el otro quiere para moldearme y ver si así sí me quieren, cambiando mi sabor cada vez que me siento menos. Ser lo suficientemente graciosa, pero no demasiado. Linda, pero sin parecer que me esfuerzo. Interesante, pero sin sonar intensa. Como si siempre hubiera algo que ajustar para que mi presencia valga. Para que me elijan. Y sin importar todo lo que intente, nunca será suficiente.
A veces me despierto y me prometo no volver a adaptarme a nadie para encajar, que ahora sí voy a ser fiel a mí misma. Pero entonces alguien me mira bonito y otra vez me descubro intentando cambiar el sabor de mi té. Y lo más irónico es que, aunque me transforme mil veces, igual hay personas que no se quedan o situaciones que no terminan por ser mías porque hay gente a la que de plano no le gusta quien soy y no porque haya algo roto en mí.
Y en esos días, cuando todo se calma y nadie me observa empiezo a preguntar: ¿Qué sabor tengo en realidad? Seré un té de manzanilla o lavanda, chai o un café súper dulce, o uno cargado y amargo u otro con leche y espumoso. ¿Qué soy cuando no estoy tratando de convencer a nadie de que me elija? ¿Cómo se sentirá no querer encajar en ninguna taza? ¿Y cómo se sentirá no preguntarme si mi sabor agrada?
Pero lo más importante: ¿Qué parte de mí pierdo cuando cada vez que intento un sabor que no es mío? ¿Qué tan lejos me alejo de mí? ¿Y de qué tanto soy capaz si me permito ser simplemente yo, sin miedos ni ganas de cambiar?
si alguna vez sentiste que mis textos te acompañaron o te abrazaron, puedes invitarme un cafesito por acá abajo!



Ameee la metáfora que ocupas... Que hermoso! ✨
Sinceramente me encantó la metáfora me identifique bastante, la ame